Por. Juan Luis Balvin Tabares
"Este proyecto trajo muchas cosas buenas
para el pueblo, construcciones, comercio, pero nosotros quedamos con el
problema social”.
Vegachí, a 147 kilómetros de Medellín, es un municipio del nordeste
antioqueño. El municipio más dulce de
Antioquia, ese es su apelativo; apelativo que se ganó en la década de los
80’s cuando esta localidad, prácticamente, “se ganó la lotería” al ser elegida
como sede para un ingenio que
produciría miel de caña para la Fábrica de Licores de Antioquia (FLA).
Con
el cabello recogido y los labios pintados en tono ocre, Whitter Amalia,
tecnóloga en costos y auditorÍa y comerciante, recuerda el tema de su trabajo
de grado, presentado en 1997. “Nos llamó
la atención por qué habían elegido a Vegachí para un proyecto tan grande como
este”.
Un
Ingenio: idea de una independencia
La
FLA, a finales de los 70’s, buscaba construir una planta en Antioquia para no
depender de los proveedores del Valle del Cauca. Empezaron a hacer estudios en
el suroeste cercano y plantearon la realización de la idea en Camilo C.,
propuesta que la Asamblea Departamental no aprobó. La Fábrica de Licores, con
su grupo de expertos y el apoyo permanente de la Secretaría de Agricultura,
siguió en la búsqueda de un lugar idóneo para plasmar este proyecto ypresentaron,
después, municipios del nordeste como opciones, entre ellos: Yolombó, San Roque
(corregimiento San José del Nús), Cisneros (corregimiento Sofía), Yalí, Amalfi
y Vegachí.
Por su ubicación geográfica y características topográficas
sobresalientes a los demás municipios, además de intereses políticos, fue
Vegachí el elegido. Este municipio, que está en todo el corazón del nordeste y
en ese entonces apenas entendía lo que llevaba consigo cargar con una
municipalidad –pues hacía poco se la habían otorgado considerando que ya era
más que un corregimiento-, se preparaba para abrirle las puertas al “progreso y al desarrollo”. Se iniciaron
los cultivos de caña y los trapiches de prueba, con muy buenos resultados, que
darían, a principios de la década siguiente, lo que se denominó inicialmente: PANA (Programa Agroindustrial del
Nordeste Antioqueño) y que se convertiría después en Ingenio Vegachí Ltda.
Adriana
Gaviria tiene el cabello entre chocolate y naranja y usa gafas con marco
rosado. Presentó el trabajo de grados con Whitter y respira un amor por Vegachí
que sería difícil encontrar una palabra para describirlo. “Cuando hicimos el trabajo la planta ya llevaba más o menos diez años
funcionando y todo iba muy bien. Muchos de los campesinos de aquí y de los
municipios cercanos dejaron la ganadería por cultivar caña, veían un futuro muy
prometedor, y efectivamente se estaban viendo buenos resultados. El caso es que
cuando empezamos el trabajo y entramos a revisar el tema que nos correspondía –costos- nos encontramos con otra
cosa”.
Un
terreno, a las afueras del municipio, se convirtió en la planta que en su
caldera procesaba caña de azúcar de tipos: PR 61632, PR 1141, Co 421, V 7151 y
POJ 2878. Tipos que presentaban diferencia en el porcentaje de fibra, el
rendimiento en fábrica y periodos vegetativos.
Carlos
Mario fue operario del Ingenio Vegachí y muestra, con sentimientos encontrados,
las fotos del día de la inauguración de este proyecto –muestra un poco de
nostalgia al ver, en las fotos, a la alcaldesa de entonces, María de los
Ángeles Martínez, quien murió hace poco en un accidente-. “Esto se llenó de gente de todas partes, de varios países, había
invitados importantísimos y todo el mundo tenía los ojos puestos en este
municipio tan chiquito. ¿Quién iba a
pensar que una cosa de esas iba a pasar por estos lados?”. Entre las
figuras presentes estaba el Presidente de la República, César Gaviria Trujillo,
el Gobernador de Antioquia, Juan Gómez Martínez, la alcaldesa, conocida en el
municipio como Maruja, algunos ministros, el gerente de la empresa y
periodistas de varias ciudades.
Adriana y Whitter, detrás del mostrador de un negocio de abarrotes, dieciocho
años después, recuerdan el panorama desolador que encontraron cuando entraron a
revisar la parte financiera del que consideraban el proyecto que le daría el
“empujón económico” a Vegachí para crecer rápidamente: “Era una empresa relativamente joven y con la proyección tan grande que
tenía no iba a encontrar tan fácil el punto de equilibro y a ese paso no lo
iban a encontrar nunca”. Mientras una enseñaba las páginas, ya un poco
amarillas por el tiempo, donde estaban plasmadas algunas cifras de la empresa,
egresos, ingresos, la otra agregaba que la
culpa de la quiebra no fue tanto, como decían todos, porque la cantidad de caña
sembrada era muy poca y no daba abasto con la capacidad de producción del
caldero. El ingenio fue desangrado por los gastos excesivos, por una nómina
elevadísima. Además, traían funcionarios de Medellín e incluso de otros países
–Rusia, Brasil-, faltándoles uno o dos años para jubilarse, les ponían un
sueldo alto y salían con su buena jubilación, ¿cómo era eso posible en una
empresa tan joven?.
No
tienen pelos en la lengua para juzgar a los contratistas de entonces, que entre
otras cosas, los consideraban faltos de sentido de pertenencia, pues ni
siquiera eran de Vegachí. “Sobre ellos también caía la culpa, tenían el descaro
de echarle piedras grandes a los coches con la caña antes de que entraran a la
báscula para que les pagaran más”.
Pero
por más que busquen culpables ya no hay nada que hacer. Ahora esta edificación,
en su mayoría metálica, es consumida por el óxido y de ese “olor a miel cuando
se terminaba el proceso de transformación de la caña” que fue lo que más sedujo
a Whitter de su experiencia, solo queda en el recuerdo. En el recuerdo quedará
el movimiento que se veía en ese entonces y las ansias de crecimiento de un
municipio que depositaba en este proyecto la esperanza. El río Volcán y unos
pocos animales, son ahora la única presencia o compañía que tiene el lugar que
representó el “apogeo”.
Vegachí vuelve a conocer la palabra “ilusión”. Le espera Autopistas de
la Prosperidad. Sería el municipio más beneficiado de este proyecto en el
nordeste y magdalena medio. Ahora en el municipio dulce de Antioquia se vuelve
a ver un apogeo, esta vez de arqueólogos y biólogos que se encargan de la
primera etapa de este proyecto: el impacto ambiental.
La
gente de afuera aprovecha, sabe lo que viene para esta localidad y ya varios
extranjeros se han interesado en el lote del Ingenio. Hasta el momento, solo
pueden verlo, antojarse y soñar con todo lo que se puede hacer, construir, visionar
en este lote. Solo eso, pues las demandas que enfrentan la Gobernación de
Antioquia, el IDEA y el Ingenio Vegachí Ltda, por incumplimiento de contratos y
otros temas relacionados con el cierre, impiden que se haga cualquier tipo de
negociación.
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